25.9.11

¿Te quiero?

Dos palabras tan simples... y a la vez tan complicadas. Dos palabras que lo dicen todo... y a la vez no dicen nada. ¿Qué expresan realmente? ¿Un sentimiento? ¿Un estado de ánimo? ¿Una ilusión? No tiene definición posible, porque esas dos palabras van ligadas al amor, y nadie sabe por qué todo se vuelve indescriptible cuando se ama, cuando sientes algo infinito y aparece la necesidad de decir “Te quiero”.
Sé que cuesta demasiado entender por qué esos dos segundos en los que tarda en salir esa frase por tus labios, enviadas desde el corazón, pueden cambiar tu vida por completo. ¿De verdad es posible? ¿Qué tienen? ¿Qué esconden? ¿Por qué pueden hacer feliz a la persona más pequeñita del mundo, o incluso a la más grande?
Sólo puedo afirmar que son palabras plenas, palabras que expresan un significado tan puro y hermoso que te llevan a la felicidad absoluta y celestial. Pueden dibujar sonrisas, alterar corazones, acelerar respiraciones, encender la pasión, hacer arder la locura...
Simple y sencillamente, un “Te quiero”, cuando viene desde el alma, puede mover el mundo con un mínimo suspiro, y hacer que la vida sea enteramente perfecta. ¿Necesitas más explicación?


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15.9.11

"Con una sonrisa"

Jamás se me había ocurrido que podría llegar a convertirme en alguien así, jamás. En alguien que, a pesar del dolor y del sufrimiento, de caerse una y otra vez en el camino, decidiera ponerse en pie de nuevo, sin importar si le volvería a ocurrir a los pocos segundos, de nuevo. Jamás creí que podría aprender a creer en mí misma, a valorar lo que tengo y lo que soy, a sentirme conforme conmigo misma. No me veía capaz de ser positiva, de pensar que todo sucede por algo y que, a veces, es preferible pasar cinco minutos desesperantes para luego disfrutar mejor de los buenos momentos. Jamás me di cuenta de lo que me estaba perdiendo por emperrarme en dejarme arrastrar hasta el fondo y no luchar para seguir adelante.
Pero ahora todo ha cambiado, y sé que intentaré seguir cada día, asegurando mis pasos con una sonrisa y pensado que nada tiene por qué salir mal. Ahora, todas mis mañanas llegan cargadas de energía, de una felicidad que sería difícil de explicar, y todo porque he aprendido a ver el mundo con otros ojos, los ojos de alguien que sabe que los sueños son posibles mientras se luche cada día un poco más.
Lo único que me apena de todo esto... es que tú quieras quedarte en el primer párrafo, viendo lo que podría llegar a ser tu vida. Ese es mi único temor, que creas que malgasto el tiempo diciendo estas cosas porque jamás podrá llegar a ocurrir. Y ni te imaginas cuánto te equivocas.
Te propongo un reto, hoy, o mañana, cuando abras los ojos y mires a tu alrededor, sonríe. Y antes de levantarte, da gracias por poder disfrutar de una vida tan maravillosa y dile a tu alma que hoy será un día diferente y nada podrá hacer que dejes de ser feliz. Te sentirás tan increíble que te darás cuenta de que lo que digo es cierto. Y luego volverás aquí para decirme... se es más feliz con una bonita sonrisa.




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6.9.11

Días en los que no puedo vivir

Hay veces que desearía no haber despertado con tal de no tener que vivir días así. Son días oscuros, no tienen ni un poco de color, días en los que nada me importa... pero a la vez me importa todo. Días en los que sólo me gustaría estar sola y olvidar lo que me hace daño.
¿Por qué no iba a ser sincera y expresar lo que siento? No tengo nada que ocultar, nada que esconder, y sé que puedo contar lo que pienso porque todos y cada uno de vosotros sentís lo mismo de vez en cuando.
Me cansa estar aquí, me cansa, sobretodo cuando escucho los gritos encerrada en mi habitación, cuando escucho cómo se pelean y yo no puedo hacer nada para evitarlo. Es como si no existiera, como si no perteneciera a esa familia que grita y discute detrás de mi puerta, obviando el hecho de que yo estás ahí y sé perfectamente lo que pasa.
Cuando los gritos cesan, salgo temerosa de ver cualquier mala situación. Pero solo descubro que mi padre está metido en la cocina haciendo nada en particular, mi madre se ha ido a la cama para que nadie la moleste, y mi hermano se ha encerrado en su cuarto para engancharse a Internet de nuevo. No sé qué hacer ni cómo reaccionar, pero ese vacío y la necesidad de no sentirme tan sola me obligan a acercarme a alguien.
Y nada funciona, mi hermano me echa del cuarto porque dice que quiere estar solo y que no incomode su intimidad, mi madre me pega cuatro gritos porque dice que no entiendo nada, y que la deje en paz, y mi padre empieza a gritar y a quejarse, de manera que vuelvo a mi habitación y cierro la puerta. Me tumbo en la cama y cierro los ojos, dejando que las lágrimas resbalen por mis mejillas sin más.
Suena un pensamiento cruel, puede, pero es lo que siento y la pura realidad. Y es obvio que si ellos lo leyeran ahora mismo, la culpable y la que saca las cosas de quicio soy yo. Pero bueno, ya nada me importa, sólo quiero olvidar y relajarme, para poder afrontarlo mejor cuando se repita al día siguiente, otra vez.
Hoy sólo necesito que me hagan sonreír.


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